“Un chute de inflación iría bien a los muy endeudados; pero también puede ser letal para cuantos tienen pocas posibilidades para protegerse”.

Fernando G. Urbaneja
Fernando González Urbaneja

Tras varios años durante los que la inflación dejó de ser motivo de preocupación, el año 2022 amanece con la preocupación creciente por la evolución de los precios y sus efectos en las políticas monetarias desplegadas por los bancos centrales. A comienzos del 2021 los gobernadores de los bancos centrales no tenían en sus agendas otra inquietud respecto a los precios que la de que no crecían. Algunos analistas advertían de los riesgos de una deflación, escenario poco conocido, poco investigado y sobre el que la caja de herramientas para abordarlo estaba corta de material e ideas. Mediado el pasado año los precios de las materias primas, especialmente del petróleo y el gas entraron en la agenda con una carga geopolítica que complicaba las predicciones. Conflictos regionales en las fronteras de Rusia, de Argelia-Marruecos o en el Golfo Arábigo impulsaron una subida de los precios energéticos que han afectado de forma inmediata en los costes de la industria y de las economías familiares.

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