“Encontrar el punto de equilibrio entre cualificación, dedicación, remuneración e independencia se ha vuelto más complicado y más importante que nunca”.


Antonio Polegre y Jaime Sol (Autores del libro “Nombramiento y remuneración de consejeros y directivos” LID Editorial).
La fotografía del consejo de administración que tenemos previa a la crisis financiera de 2008 ya no sirve, producto de un cambio que se ha visto dramáticamente acelerado a partir del ejercicio 2020. La evolución regulatoria, el activismo de inversores y otros grupos de interés, la gestión de riesgos complejos (incluidos los tecnológicos y reputacionales), desafíos a la salud como no se habían conocido en nuestra época más reciente, las exigencias de sostenibilidad, la geopolítica y la actual revolución tecnológica, han elevado drásticamente el nivel de conocimientos y experiencias que deben concurrir en el consejo de administración. En este nuevo contexto, la llamada matriz de competencias ha pasado de ser una buena práctica a convertirse en un instrumento casi indispensable, especialmente para las sociedades cotizadas. Las recomendaciones del supervisor español enfatizan que la comisión de nombramientos y retribuciones debe identificar de forma sistemática qué capacidades requiere el consejo en función de los retos a corto, medio y largo plazo.