“Se colonizan las instituciones con amigos y compañeros de partido. Tener un amigo en Moncloa y aledaños o disponer del carnet se antepone a cualquier requisito”

¿Cómo se convierte un rico en pobre?… pues poco a poco y de repente. Como muta una democracia avanzada en otra averiada… pues poco a poco y de repente. La democracia se debilita cuando el equilibrio de poderes se deteriora, cuando el ejecutivo domina al legislativo y controla al judicial, cundo se da la espalda al Parlamento y se gobierna regateando los mecanismos de poder y sometiendo a los organismos de supervisión, vigilancia y control. Todo esto sucede de forma sucesiva, poco a poco… y de repente el ejecutivo se convierte en casi omnipotente, hace lo que le parece al margen del cumplimiento de la letra y el espíritu de las leyes. Ejemplo evidente de semejante proceso lo ofrece el presidente omnipotente Trump que ha logrado en poco tiempo el control (con leves resistencias) del poder en una democracia que predicaba el equilibrio y control del poder. Ese control, poco a poco, se logra con la colonización de las instituciones con amigos y compañeros de partido obligados con el que les nombra. Podemos llamarlo “entrismo”. Durante la ya larga historia de la democracia española nunca hubo un nivel de “entrismo” como durante los últimos siete años. El nombramiento de altos cargos, de asesores, de responsables de organismos independientes, incluidos los judiciales, y directivos de empresas públicas, semipúblicas o dependientes, más que por los criterios exigidos por las leyes y el buen juicio democrático (“independencia, competencia e idoneidad”) se han sometido a criterios de amistad y de lealtad ideológica e identidad de partido. Tener un amigo en la Moncloa y aledaños o simplemente disponer del carnet de militancia se antepone a los citados requisitos.
Dos años atrás el Círculo Cívico de Opinión, entidad privada e independiente y plural de la que forman parte medio centenar de académicos y profesionales aprobó un documento titulado “seis nombramientos clave” referido a la cobertura de otras tantas presidencias de organismos independientes (Banco de España, CNMV, CNMC, AIReF, Agencia de Protección de Datos, Consejo de Trasparencia y Buen Gobierno) en el que advertía frente a comportamientos “clientelares” en el proceso de designación. Pueden añadirse la Fiscalía, RTVE, el Consejo de Estado, Indra, Telefónica… donde la larga mano de Moncloa supone el argumento definitivo sobre la persona, que puede ser razonablemente idónea y competente pero llega al cargo por la presumible lealtad al interés de quien le designa.
Así se debilita la democracia, se compromete la eficacia de las instituciones y se hace el camino hacia los estados iliberales, populistas y cercanos a una nueva dictadura autoritaria. El espectáculo de la renovación del Consejo del Poder Judicial debería haber abochornado a cuantos lo protagonizaron; otro sí para la renovación del Constitucional (que hoy está en curso con la presidencia prorrogada). Semejante práctica reiterada hasta la náusea cristaliza entre los designados y entre la opinión pública que asumen que fulano de tal es dócil a un partido o causa y zutano de tal a otra. Personas con buena trayectoria sucumben a una filiación partidista asignada en silencio y con aceptación resignada de semejante baldón. En resumen, poco a poco… y de repente; así mueren las democracias. ♦