“Con un PER 50, como el de Nvidia, los inversores asumen que EE.UU. está dispuesto a gastar lo que sea necesario para imponer su dominio en la tierra y en la nube.”
Carlos Balado (Profesor de OBS Business School y director de Eurocofin) •

El desarrollo de la inteligencia artificial consta de componentes terrenales, minerales usados para hacerla tangible, energía y trabajo humano. Pero también de otro más abstracto: la nube en la que residen los datos. La soberanía tecnológica de este siglo obliga tanto a dominar la minería de esas materias primas, como a controlar los datos, y ello explica las tensiones entre países y potencias. Dado que no es una tecnología más sino la infraestructura que determinará a las demás tecnologías, quien domine la IA tendrá una gran influencia económica, militar y cultural sobre todos los demás, La demanda de minerales críticos para las tecnologías digitales, cobalto, litio, cobre, galio o tierras raras, se ha disparado y la demanda crecerá un 300% antes de 2030, según las estimaciones del World Economic Forum. La IA ha convertido estos minerales en elementos estratégicos y en moneda de cambio en las negociaciones comerciales –por ejemplo, entre China y EE.UU.- con un coste humano y ambiental muy relevante. La República Democrática del Congo, que produce minerales como el coltan y cerca del 70 % del cobalto mundial, posee recursos codiciados y, sin embargo, no los explota plenamente; sigue atrapada en una guerra regional contra la milicia M-23, apoyada por Ruanda. En el desierto de Atacama, la extracción de litio seca humedales de los que dependen comunidades indígenas. En Indonesia, la minería de níquel devasta selvas tropicales para abastecer a fabricantes de baterías y chips.