Con esa propensión a crear expectativas, presumiendo capacidades universales al estado -Protección pública desde la cuna a la tumba- no existe en ninguna parte un mínimo de satisfacción. Y a modo de gran paradoja, los defensores de lo público desatienden los mínimos estándares de eficiencia y probidad cuando lo gestionan.
¡Dos de dos! ¿Habrá tres antes del verano? ¿Se mantendrá la tendencia hasta ese 2027 que unos ansían y otros temen? Viendo cómo van las cosas, cualquiera se atreve a acertar. De momento, las inclinaciones políticas anticipadas por la mayoría de encuestas –lo del CIS es otra cosa– se revelan afianzadas: liderazgo estancado y un tanto precario del Partido Popular (PP), alza notable de Vox, desplome acusado del Partido Socialista (PSOE) y desorientación en el deshilachado magma que pugna por posicionarse a su izquierda (Sumar, Podemos, etc.) Y, a falta de contraste en las urnas, cabría añadir un liderazgo tan estable como dual en el nacionalismo vasco (PNV y EH-Bildu), cierta recuperación del soberanismo gallego (BNG) y creciente incertidumbre en Catalunya donde ERC tiende a estabilizarse sin recuperar las posiciones perdidas en las últimas elecciones (2024) y Junts ahonda su indefinición, propiciando síntomas de retroceso frente a la pujante aparición de la Aliança Catalana de Silvia Orriols. De ello, a reserva de que algo precipite cambios no previsibles, pueden derivar muchos vaticinios, análisis y presunciones sobre el inmediato porvenir nacional, entre otras cosas midiendo si se alejará o compartirá tendencias dominantes en el resto europeo. La cita inmediata tendrá como escenario Castilla y León y quizás, semanas después, Andalucía, pero ahí se acaban las apuestas sin riesgo sobre el calendario electoral.