“La amplia literatura sobre procedimientos de medición de la eficacia de las politicas públicas no se aplica con diligencia, ni tiene consecuencias”

Fernando G. Urbaneja
Fernando González Urbaneja

Nunca como ahora dispuso el público de tantos informes y dictámenes (muy buenos, buenos, malos, regulares, deficientes y pésimos) pero eso no implica que sean atendidos, que cumplan la función de orientación de las políticas públicas y que disfruten de la ponderación y aprecio que merecen entre otros públicos de los medios informativos, que influyen en su difusión y valoración. Estos tienden a comprar los más pintureros, los que facilitan el titular llamativo y fácil, sin reparar en el fondo e intención. No creo que exista algún problema concreto, algún aspecto de la vida social o política, que no cuente con algún dictamen, independiente (o no) y con razonable fundamento analizando el caso y proponiendo algún tipo de alternativa razonable que merezca ser experimentada. También los hay que tratan de confundir y enredar. Todas las sociedades avanzadas y democráticas disponen de no menos de una decena (las menos dotadas) de organizaciones con expertos propios o contratados para cada caso que publican ese tipo de informes en respuesta a cuestiones de actualidad o a problemas permanentes. Estudios sobre fiscalidad eficiente, políticas sociales para hacer frente a desigualdad y pobreza, políticas sanitarias, tratamiento de la dependencia, la despoblación, la productividad, los sistemas de pensiones y su resistencia, la protección frente al desempleo… disponibles a poco que se busque.

Lo que no resulta tan evidente es que la disponibilidad de estos informes redunde en una mejora de las políticas públicas. Tampoco que la amplia literatura sobre procedimientos de medición de la eficacia de esas políticas públicas se aplique con diligencia y tenga consecuencias en el mantenimiento, rectificación o retirada de esas políticas. Escuchar las exposiciones púbicas de dirigentes políticos en el Congreso, especialmente en sesiones plenarias, no brilla por la buena educación y maneras de los protagonistas, pero tampoco por la consistencia de sus argumentos. Da la impresión de que no han leído o, si han leído siquiera un resumen, hayan asimilado e interiorizado los argumentos fundados por los expertos que han dedicado tiempo e inteligencia a los asuntos complejos que políticos populistas despachan con dos titulares tan llamativos como carentes de fundamento.

Es evidente que los expertos cotizan a la baja en el espacio del debate político, que no consiguen adaptar su oferta a la demanda de soluciones. Lo cual aconseja a los organismos expertos mejorar sus procesos de selección de temas y, sobre todo, de traslado a la opinión pública de sus reflexiones y conclusiones. A eso se refiere en la entrevista que publicamos en esta revista el presidente del Real Instituto Elcano, José Juan Ruiz, que encabeza un organismo español que a punto de cumplir el cuarto de siglo, acumula experiencia y un buen desempeño en el análisis de los problemas prioritarios y en propuestas fundamentadas. Como Elcano otra docena de instituciones financiadas por fondos públicos y privados vienen ofreciendo a la sociedad española informes valiosos e independientes para mejorar el bienestar de los españoles. Informes sobran, buenos informes existen y están disponibles. Lo que falta es que les hagan caso quienes tienen poder para decidir.♦