Los tipos despiertan de su letargo

Los tipos del dólar han iniciado ya su escalada y no tardarán en atravesar el océano, presionando sobre las condiciones de financiación en Europa. Una pésima noticia

JP Marín Arrese
JP Marín Arrese

Desde que comenzara la pandemia, la política económica se presta a debates anodinos y predecibles, ante el unánime consenso de cómo comportarse ante la adversidad. La crisis se abatió como un súbito mazazo paralizando la actividad y generando un horizonte de profunda incertidumbre y ausencia casi total de referencias. Alcanzó cotas tan agudas el desconcierto que ni siquiera los inversores más proclives a especular se atrevieron a pescar en río revuelto, como acostumbran. Se produjo un repliegue generalizado en busca de refugio y un escaso apetito por mover sillas ajenas ante el temor a perder la propia. Se diría que hasta los más osados se resignaron a capear el temporal confiando en que la tormenta acabaría por amainar tarde o temprano. Prueba de ello es la razonable estabilidad financiera mantenida a lo largo de la crisis pese a la negra coyuntura y el hundimiento de la confianza.

En un contexto así, se ha concluido que la única salida razonable consiste en aplicar una terapia fiscal sin miramientos ni contemplaciones. Tiempo habrá de medir el coste de la factura que pasará al cobro el súbito y masivo endeudamiento. Hoy por hoy, no se atisba alternativa a dar rienda suelta a un déficit alimentado por ingentes planes de gasto y sensibles recortes en los ingresos. Más, considerando el estrecho margen de una política monetaria que todavía se encuentra convaleciente de la anterior crisis. Partiendo de una estrategia ampliamente acomodaticia, poco puede contribuir a reanimar la economía. El debate se ha centrado más en ponerle fecha a la ansiada recuperación que a discutir de las consecuencias del remedio aplicado para superar cuanto antes el bache. Una estrategia inspirada en el convencimiento de retornar indemnes a la senda de la normalidad, tras la pesadilla provocada por el virus, como si se tratara de un mero paréntesis, de un inesperado tropiezo pasajero.

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