Habría que monetizar deuda para evitar males mayores pero modificar tan radicalmente el mandato del BCE no es verosimil así que mejor salir cuanto antes de la zona de riesgo

JP Marín Arrese

Para cualquier observador avisado, la política monetaria ejerció un papel trascendental para superar la última gran crisis financiera. Sin su decidida apuesta por abandonar los fundamentos en que se ha basado tradicionalmente su manejo, nos encontraríamos todavía tratando de escapar al profundo bache en que se sumió la economía. No resultó fácil para una política tan imbuida de un conservadurismo a ultranza, arrumbar en el desván el instrumento de los tipos, siquiera con carácter excepcional, al representar el factor por excelencia para cumplir con su objetivo de estabilización. Si la Reserva Federal no dudó en inundar al mercado de liquidez, sosteniendo de paso los activos financieros mediante un vasto plan de compras, su homólogo europeo vaciló más de la cuenta antes de aceptar la nueva doctrina del quantitative easing. Abandonar la ortodoxia, venciendo la oposición de los halcones en el Consejo, constituyó una muestra de la suma habilidad que caracterizó el mandato de Mario Draghi. Lo que hoy se acepta con plena naturalidad, algunos con resignación, se erigió en su día en foco de encendida polémica.

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