Las expectativas de julio se han estrellado ante el rebote de la pandemia y el subsecuente mazazo al turismo en agosto. Nos hemos convertido en el farolillo rojo de los países desarrollados y el otoño se presenta aún más complicado.

“Tener Presupuesto para el 2021 –con la mayoría que sea– es el cabo de Hornos que España debe doblar”.

Los números de la economía española fueron pésimos en el segundo trimestre. El Pib se desplomó un escandaloso 18,5% respecto al anterior mientras que la zona euro, pese a sufrir la mayor caída desde que hay estadísticas fiables, descendió bastante menos, un 11,8%. Y la pérdida de empleos en el mismo periodo fue en España del 7,5% frente al 2,9% de Europa.
——Pero al iniciarse la estación vacacional, en julio, aunque preocupados, estábamos esperanzados. España había tenido uno de los confinamientos más severos y además era un país turístico que lógicamente sufría más la brutal caída de la movilidad internacional y de los viajes. El verano traería una ligera recuperación de la actividad y del turismo y las perspectivas del otoño serían mejores. Pero agosto ha roto estas ilusiones con la segunda ola de la pandemia que ha hecho que muchos países hayan desaconsejado viajar a España, lo que ha dado un serio golpe al turismo y a la recuperación.
——En los catorce días anteriores al 10 de setiembre, el número español de infectados por cada 100.000 habitantes era de 260, más del doble que Francia, el segundo país más afectado de la UE, y ocho veces superior al de Italia. El Financial Times, al analizar las malas cifras de España, atribuía la causa a un precipitado fin del confinamiento y a la ausencia de coordinación razonable en las medidas de las CC.AA. Tiempo habrá de analizarlo, pero lo seguro es que la segunda ola de la pandemia ha llegado antes de lo previsto y con una mayor intensidad a España que a otros países, aunque afortunadamente la ocupación de los enfermos de coronavirus en los hospitales y de los fallecimientos es muy inferior a la de los meses del confinamiento. Es lo único positivo.

——Lo dramático es que esta segunda ola ha supuesto un gran mazazo para el turismo y las actividades relacionadas (comercio, restauración…) y que como consecuencia la recuperación ha perdido fuerza y se ha desconectado de la media europea. Los índices PMI, a los que me he referido a menudo en estas crónicas y que anticipan los datos económicos, así lo atestiguan.
——El 50 es el punto de decantación del índice. Por encima, la economía crece, por debajo se deprime. Pues bien, la economía europea y la española se reanimaron con fuerza en julio. El PMI de la zona euro alcanzaba el 54,9 y el español estaba también en terreno positivo con un 52,8. En agosto todos los países han ido a la baja, pero el PMI de la zona euro sigue en positivo (51,9) mientras que el español se ha desacelerado más (48,4) y ha entrado en terreno negativo. Y la caída es mayor en el sector servicios (47,7) que en la industria (49,9). Ahí esta el terrible agosto turístico. En las crisis anteriores el turismo suavizaba la recesión. Ahora, al contrario, la profundiza.

“El turismo ha suavizado otras crisis, ésta la agudiza”

——Y no son sólo los índices PMI. El indicador compuesto adelantado de la OCDE, que detecta expansión por encima del índice 100, está por debajo en la media de los países (98,3), pero el dato para España es uno de los peores (93,2). El indicador para Alemania es 99,4, para Italia 97,6 y para Francia 97,3.

Las deficiencias del sistema político
——España era hasta el año pasado uno de los países europeos que mas crecía. Ahora, como consecuencia del coronavirus, que afecta especialmente a la industria turística y a los viajes de negocios, nos hemos convertido en el farolillo rojo de los países desarrollados. Conclusión, el verano ha sido bastante peor de lo esperado y el otoño se presenta todavía más complicado.
——Y no sólo por los datos económicos sino por las deficiencias actuales del sistema político. Estamos en una encrucijada muy preocupante que sólo podremos superar con el plan de recuperación europeo de 750.000 millones (140.000 para España) y porque el BCE, con la compra de deuda pública de los países, va a hacer algo muy similar a financiar nuestro fuerte aumento del déficit público -inévitable para que la sociedad resista- a tipos de interés irrisorios. Lo lógico sería un mínimo consenso interno y voluntad de entendimiento para superar el momento más terrible desde la guerra civil del ya muy lejano 1936.
——Pero a este mínimo entendimiento “ni está, ni se le espera”. El PP, el segundo partido, que debería encarnar parte de los intereses de la derecha económica, no sólo no quiere negociar los presupuestos (negociar no es aprobar pero si mostrar alguna voluntad de sumar), sino que se niega a cosas tan elementales como renovar, como está ordenado por la ley, organismos tan importantes del Estado como el Consejo General del Poder Judicial, que está en tiempo de descuento desde hace dos años y la tercera parte del Tribunal Constitucional (cuatro de sus doce magistrados). El argumento es que no quiere pactar nada con Podemos, al que considera un partido contrario a la Constitución y contrario a la monarquía. El argumento no es de recibo. Se puede creer inconveniente -incluso nefasto- que Pablo Iglesias sea vicepresidente, pero el gobierno PSOE-UP tuvo en el Congreso de los Diputados la mayoría requerida para ser investido y no puede ser juzgado ilegítimo. ¿Por qué el PP se niega pues a algo tan elemental como la renovación periódica y reglada de relevantes órganos constitucionales? ¿Cree Pablo Casado que en este momento la prioridad es derribar al Gobierno de Pedro Sánchez pese a que, con este Parlamento, no hay otro presidente posible que Sánchez? ¿Serían otras elecciones generales anticipadas, con el periodo de paralización que comportan, la solución a nuestros males?


“Los índices PMI españoles caen por debajo del 50 en pleno verano (48,4 en agosto) y se desconectan de los de la zona euro (51,9)”


Queda la concertación
——Pedir una gran coalición como la que tan excelentes resultados está dando en Alemania sería una quimera. Ni Aznar, ni Rajoy ni Casado se parecen ni remotamente a Angela Merkel, y el PSOE tampoco es el SPD. Pero sin un mínimo consenso entre los dos grandes partidos será muy difícil superar el duro otoño-invierno que nos aguarda. Máxime cuando el Gobierno tampoco tiene mayoría operativa en las Cortes y no es seguro que logre aprobar los presupuestos. ¿Podemos afrontar los próximos meses prorrogando los presupuestos del 2018 de Cristóbal Montoro? Es evidente que no y que si España siguiera sin presupuestos perdería la solvencia imprescindible para ser respetada en un mundo muy convulso. Y no somos América, pese a Trump, ni Gran Bretaña, pese a Boris Johnson. Somos más pequeños y necesitamos equivocarnos menos.
——Pero no todo es negativo. Afortunadamente puedo acabar esta triste crónica tomando nota de que, pese a todo, España tiene capacidad para resistir y enderezarse. El activo mas relevante es que la concertación entre Gobierno, empresarios y sindicatos no sólo no se ha roto, sino que sigue adelante pese a muchos intereses contrapuestos en asuntos tan delicados como las prórrogas de los Ertes o la negociación de “la reforma de la reforma laboral”. También en el mundo financiero y empresarial hay iniciativas que indican que el pulso vital sigue vivo. La casi segura fusión de Caixabank y Bankia para crear un banco español más potente que afronte mejor los nuevos desafíos de las consecuencias del coronavirus y de una larga etapa de bajos tipos de interés, es una palpable demostración. Ahora tener presupuestos para el duro 2021 que nos espere, con la mayoría parlamentaria que sea, es el cabo de Hornos que España tiene que doblar.♦