“La respuesta institucional a la pandemia ha mostrado los efectos prácticos, no precisamente elogiables, de la dispersión, concepto muy diferente al de descentralización”

E. Badía y Liberal

Va de suyo que repensar no equivale a deshacer, desandar o, según el vocabulario soberanista, recentralizar. Sino a analizar, seria y desapasionadamente, qué ha fallado, y qué convendría mejorar para que todo el entramado institucional, en su conjunto, contribuya mejor de lo que viene haciéndolo al bienestar y el progreso de la sociedad; incluido, como ha sido el caso, hacer frente a situaciones de excepcionalidad. Una primera razón -no baladí- es puramente financiera. La pandemia ha movilizado y va a seguir movilizando una cantidad nada despreciable de fondos públicos, disparando las cifras de endeudamiento muy por encima del Producto Interior Bruto (PIB). Y, aunque a menudo no lo parezca, las deudas gravan -limitan- las disponibilidades de gasto, antes o después.

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