“Alemania ha gestionado la crisis sanitaria relativamente bien y su economía parece recuperarse antes de lo esperado. Si hace dos años uno de cada tres alemanes defendía ideas populistas, hoy es uno de cada cinco”.

El 29 de agosto, 50.000 personas se reunieron para protestar contra las medidas del Gobierno frente al Covid-19.

¿Son muchos? ¿Son pocos?
Uno de cada cinco alemanes cree en argumentos populistas, o tiene ideas antisistema o contra las élites, o contra contra el pluralismo… Hace dos años, era uno de cada tres. Según un estudio de la fundación Bertelsmann, el populismo es cada vez menos popular. A la gente no no le convencen esas explicaciones fáciles y simplonas con las que los populistas quieren llegar a la mayoría de la población. Ideas como que todos los políticos son corruptos, los acuerdos traicionan ideales, o el otro nos roba. El Barómetro del populismo de Bertelsmann demuestra que en Alemania domina absolutamente la razón. Lo que es una excelente noticia cinco años después de aquel otoño en el que llegaron más de un millón de refugiados. La mayoría es razonable y apoya las medidas de la Administración contra la pandemia. Solo uno de cada diez piensa que son exageradas, según una encuesta de la televisión pública alemana. Sin embargo, la percepción generalizada es otra. Viendo las manifestaciones de miles de personas contra las restricciones anticovid en un país módelico en contener la pandemia uno se pregunta si este país no se ha vuelto completamente loco.

Una recuperación rápida
A un año de la salida de la canciller, Angela Merkel, que concluirá en 2021 su cuarto y último mandato, el bloque de la centroderecha encabeza las encuestas, seguido por Los Verdes; pero la ultraderecha sigue ahí en torno al 10%. Alemania es de centro y esa es su baza democrática.


“La ultraderecha sigue ahí, con un 10% de intención de voto, y hay miedo a que las consecuencias económicas de la pandemia la impulsen”


Los alemanes confían en el Gobierno y les preocupa menos que antes la emigración masiva. Pero preocupa que eventuales circunstancias políticas den alas a los populistas. Alemania ha gestionado la crisis sanitaria relativamente bien y su economía parece recuperarse antes de lo esperado. La cuestión es cómo evolucionará, teniendo en cuenta que parte de su éxito económico pende de un hilo: la demanda extranjera. Las exportaciones, de las que depende Alemania como ningún otro país, han caído el doble que el descenso registrado por su PIB. “La crisis provocada por el virus supone un gran sufrimiento humano en muchos países; en Alemania tiene por ahora consecuencias sobre todo económicas”, dice Gabriel Felbermayr, presidente del Instituto de Economía Mundial (IfW). Felbermayr es optimista: “El comercio mundial se está recuperando más rápidamente que tras la crisis financiera de 2008”. Por el contrario, a Jens Südekum, profesor de Economía de la Universidad de Düsseldorf, le preocupa Europa, a donde va el 60% de las exportaciones alemanas. “España registra una segunda ola de infecciones, lo que puede tener consecuencias graves”. Y luego está el proceso de desglobalización, que podría acelerarse con la pandemia. Y el conflicto geoestratégico por el liderazgo tecnológico global. Retos que los expertos intentan dilucidar.

29 de agosto de 2020: El incidente de finales de agosto en Berlín, en el que cientos de manifestantes de extrema derecha intentaron entrar en el Parlamento alemán, fue muy grave. ¿Cuántos ciudadanos atienden a razones populistas? ¿Quiénes están detrás de las manifestaciones contra las medidas anticovid? Un grupo de extremistas de ultraderecha intentó entrar la noche de aquel sábado en la sede del Reichstag, el Parlamento Federal, símbolo democrático del país. Tras pasar las barreras de seguridad levantadas alrededor del edificio por la policía, los manifestantes llegaron hasta las mismas puertas. Fueron arrestadas 200 personas en esa manifestación de 50.000 personas que bajo el lema Festival de la libertad y de la paz se reunieron para protestar contra las restricciones impuestas por la Administración para luchar contra la pandemia, como el uso obligatorio de las mascarillas en el transporte público y en locales cerrados.

Son activistas antivacunas, partidarios de diversas teorías de conspiración, ciudadanos antiinmigración en desacuerdo con la decisión de Merkel de acoger a los solicitantes de asilo político hace justo ahora 5 años, y también muchos simpatizantes de la extrema derecha. En común, su antipatía hacia la política anticovid del Gobierno de coalición.

¿Qué hacían los emblemas que se usaban en la monarquía prusiana entre los manifestantes? Si el populismo cae, cómo se explica que su representación parlamentaria, el partido AfD, siga muy presente y siga en todos los parlamentos de los Estados federados. Según Bertelsmann, aumenta el porcentaje de la población que gira en torno al centro político. Por otro lado, se radicalizan quienes rechazan el centro por considerarlo manipulador. AfD surgió como un partido protesta e imán de posiciones de extrema derecha. Al menguar el populismo en general, el partido asume ahora variantes más radicales. Queda por ver cómo evolucionará en función de los retos y crisis futuras.

A un año de su marcha, el centro derecha de Angela Merkel sigue por delante en las encuestas.

Cae el miedo al extranjero
Detrás de las protestas hay mucho miedo y mucha inseguridad. El coronavirus es un factor. Hay otros. Pero el actual es el virus. Lo que preocupa es la radicalización y el creciente riesgo de aumento de la violencia entre esas minorías populistas que se encuentran a la defensiva. Claves son también los resultados de otro estudio, el de Shell, en el que la mayoría de la gente joven entre 12 y 27 años se siente ignorada por la política y muchos de ellos comparten perspectivas populistas. Hay menos populistas, pero más radicales, concluye Ralf Wiegand, de Süddeutsche Zeitung. Fueron las actitudes xenófobas las que auparon a la ultraderecha de AfD que entró en el Parlamento alemán con un 12,6% de los votos en las elecciones de septiembre de 2017. El miedo al extranjero ha caído; pero la ultraderecha se ha radicalizado. Aunque la población apoye prácticamente en bloque las medidas del Gobierno contra la pandemia, preocupa que los estragos socioeconómicos del coronavirus den alas al populismo. Por ahora, no hay que confundir las protestas con una actitud generalizada, advierte Robert Vehrkamp, uno de los autores del estudio. Tampoco cree que el coronavirus aliente el populismo. El factor clave que podría cambiar la actitud política es la emigración. “Es un problema que ha perdido ahora relevancia, pero que sigue ahí”.
Entre los símbolos de las manifestaciones anticovid están la bandera prusiana (utilizada tanto por los neonazis como por los llamados Rechsbürger, quienes defienden una vuelta al Deutsche Reich (1871-1945)), el texto del himno nacional de EE UU (the star-spangled banner), o la Q correspondiente al grupo que cree en una fantasía conspiradora. “Insoportable”, ha declarado el presidente federal Frank Walter Steinmeier. Los Reichsbürger dicen que el Estado es solo una fachada, detrás de la cual están los aliados de la segunda Guerra Mundial. Luego están quienes explican que la migración a Europa la dirige un puñado de hombres ricos que pretenden destruir Alemania. Y también el movimiento antivacunas que entiende que la protección frente a los virus es una maniobra diabólica de gente de negocios.


“Hay menos populistas, pero más radicales. No tienen una receta para mejorar el mundo sino una explicación de por qué el mundo es malo”


Como dice el periodista Ronen Steinke en Süddeutsche Zeitung, todos ellos no tienen una receta para mejorar el mundo sino una explicación de por qué el mundo es malo. Una imagen enemiga. El enemigo es el extranjero o los judíos. O los Rothschilds, como aseguran los Reichsbürger. La familia financiera de los Rothschids estaría moviendo los hilos del poder. O los Soros. Para el grupo de los radicales llamados “Identitären“, el filántropo y hombre de negocios húngaro George Soros sería el demonio. Pero, no son un par de tontos, advierte Steinke. Es una corriente amplia que crece en todos los sentidos, que se siente estrechamente unida por sus creencias conspiradoras.

La organización que llama a las manifestaciones suele ser Querdenker (pensamiento lateral), de Stuttgart. Fundada en abril por el economista Michael Ballweg, su argumento principal es que el Gobierno alemán utiliza la pandemia como excusa para presionar al pueblo y que para ello coopera con la industria farmacéutica y con Bill Gates. Otra de las figuras de la organización es el moderador radiofónico Ken Jebsen, cuya tesis es que Gates ha comprado a los gobiernos para imponer su programa de vacunas, del que financieramente se beneficiará. En la misma línea se posiciona el grupo QAnon o Q. Sus seguidores creen que una élite global tiene a niños prisioneros para extraerles un suero que prolonga la vida. Su página en internet advierte que las “viejas élites usan la pandemia para arruinar el mundo y robarle todas las libertades”. ¿Todos covidiotas? No. “Entre ellos, también estamos la clase media preocupada por nuestro futuro y por el de nuestros hijos”, escribe Martina Bicher de Düsseldorf en una carta a la redacción del diario Süddeutsche Zeitung, en la que pide no ser condenada o ridiculizada. El virus divide.♦