Un grupo de diez socios comunitarios que no representa más del 20% del PIB de la zona ha impuesto a su candidato al Eurogrupo, que representa “la mínima voluntad de integración, mutualización y armonización fiscales”.

Paschal Donohoe, ministro de Finanzas irlandés que sustituye al portugués Centeno al frente del Eurogrupo.

Es la revuelta de los países pequeños del euro contra las grandes potencias. Un grupo de diez socios comunitarios que apenas llega al 20% del PIB de la eurozona frente al 80% que apoyaba a la Vicepresidenta española, Nadia Calviño, se hizo con el sillón de mando del Eurogrupo.
Dentro de este grupo informal de discusión cada país es un voto y una alianza de gobiernos liberales y conservadores hicieron valer su mayor número para aupar al ministro de Finanzas irlandés, Paschal Donohoe, a la presidencia del Eurogrupo como sucesor del portugués Mario Centeno. Y frustraron las aspiraciones de España cinco años después de la derrota del entonces ministro De Guindos ante el holandés Jeroen Dijsselbloem, que repitió en el puesto.
El Fondo de Recuperación contra la crisis del coronavirus y la Gran La agenda económica y política de Donohoe y del gobierno irlandés es radicalmente diferente a la que habrían impulsado Calviño y España desde la presidencia del Eurogrupo. O a la “tranquila perseverancia” con la que Mario Centeno ha pilotado los últimos debates sobre la gobernanza de la zona euro para sacar adelante planes económicos que parecían totalmente encallados, como el recurso al MEDE para financiar el gasto sanitario extraordinario incurrido durante la pandemia.
La novedad llega con la financiación de este plan económico. La Comisión Sin embargo, Centeno ha fracasado durante los dos últimos años y medio a la hora de cerrar importantes dosieres que cogen polvo en los cajones del Eurogrupo, véase la Garantía Europea de Depósitos Bancarios, EDIS, o la Tasa a las Transacciones Financieras, o de impulsar debates abiertos como un presupuesto específico para la Eurozona, petición de Francia y Alemania en 2018 desde el castillo de Meseberg, o de lanzar iniciativas propias para profundizar la integración económica de la eurozona. Si a Jeroen Dijsselbloem, predecesor del luso, se le reprochó ser extremadamente partidista durante la crisis griega y las negociaciones del tercer rescate heleno, abandonando la tradicional neutralidad que debería mantener el presidente del Eurogrupo, las críticas hacia Centeno han enfatizado su extremada cautela y falta de ambición política.


“Se ha tratado de una agrupación de pequeños paraísos fiscales contra un país y una candidata que apoyan una integración fiscal más profunda y justa”


Ahora es el momento de Paschal Donohoe. El sucesor del ya exministro portugués deberá ahora retomar toda la agenda pendiente de reformas en la eurozona y hacerlo cuando ésta está superando su mayor recesión desde la Segunda Guerra Mundial y afronta otra gran crisis económica fruto de lo que el FMI llama Gran Reclusión.
Donohoe sabe que tiene por delante un camino plagado de piedras. “Soy muy consciente de que esta votación”, fueron algunas de sus primeras palabras tras vencer diez a nueve a la vicepresidenta Calviño, “ha tenido lugar entre las sombras de dos crisis diferentes, como dice Mario Centeno. Las secuelas existentes de la crisis soberana y los profundos desafíos actuales que afrontamos por la crisis de la pandemia”.

Un hanseático para integrarlos a todos
Paschal Donohoe liderará un Eurogrupo partido en dos, como refleja el resultado de la votación en la segunda ronda y también el de la primera, donde habría obtenido cinco apoyos y el luxemburgués liberal otros cinco que, a posteriori, fueron hacia el irlandés. Un Eurogrupo dividido entre gobiernos socialdemócratas y del sur del continente frente a liberales y conservadores del norte y el este.
Son dos visiones enfrentadas sobre la política económica y el rumbo que debe seguir no sólo la unión monetaria sino también la UE en su conjunto. En torno al grupo autoproclamado “Nueva Liga Hanseática” se aglutinan Holanda, Irlanda, las tres repúblicas bálticas, Finlandia y también socios que no son del euro como Dinamarca o Suecia. Austria es parte de los frugales junto a estos dos y la propia Holanda. Les une su apuesta por el rigor fiscal, el libre comercio y el mercantilismo y su rechazo a una mayor integración económica con transferencias y competencias para Bruselas, a la mutualización de los riesgos soberanos o bancarios. Han asumido el contrapeso del eje franco-alemán cedido por Reino Unido con el brexit.
Donohoe deberá desmarcarse de las políticas impulsadas por el frente de países donde se incluye el suyo. La presidencia del Eurogrupo es “sobre todo, una oficina que se supone debe unir a la gente”, insiste el subdirector del Centro Jacques Delors, Lucas Guttenberg, que pide al nuevo presidente y a los ministros presentes en este órgano informal que “miren hacia el futuro”.

La nueva propuesta de Michael ya comtempla la supervisión de las reformas por todo el Consejo, no solo la Comisión.

El primer reto de Donohoe, por tanto, es ejercer de árbitro imparcial entre los socios del euro en las negociaciones sobre el Fondo de Recuperación. Sus socios hanseáticos y frugales piden abiertamente una reducción de los 750.000 millones de euros propuestos por la Comisión y un reparto diferente a los dos tercios en transferencias a fondo perdido y el resto en préstamos.
Tras la elección del irlandés, la primera ministra finlandesa, Sanna Marin, se ha apresurado a recordar que “se necesita un nivel general menor [en referencia los 750.000 millones de euros y el 1,1 billón de euros de los próximos presupuestos de la UE] y un mejor equilibrio entre transferencias y préstamos”. Marin es socialdemócrata pero sus ideas sobre la gobernanza económica de la eurozona no difieren de las de antiguos gobiernos conservadores de su país liderados por Jyrki Katainen, Alexander Stubb o Juha Sipilä.
Lucas Guttenberg va más allá del futuro inmediato de los debates europeos y plantea una duda existencial sobre la salida de la crisis durante 2021 0 2022. Más allá del Fondo de Recuperación, “la pregunta es, ¿qué es una política presupuestaria sensata para los próximos años? Y aquí el Eurogrupo desempeñará un papel central”, reflexiona el responsable del Centro Jacques Delors.


“Tras la elección del irlandés, la primera ministra finlandesa se apresuró a reclamar un nivel ‘menor’ en el fondo de Recuperación”


Países como Italia, España o Francia tocarán o superarán este 2020 un déficit del 10% del PIB mientras que el de Irlanda, Austria o Países Bajos estará entre el 5 y el 6% este año para descender rápidamente el próximo ejercicio, lo que no ocurrirá con los socios del sur, con una ratio de deuda sobre PIB de media en torno al doble que sus otros socios de la moneda única.
Dentro del Eurogrupo se discutirán los futuros ajustes fiscales para reconducir las cuentas públicas hacia una senda de sostenibilidad, pero “las divergencias entre los países de la zona euro están creciendo”, insistía recientemente el Comisario de Economía, Paolo Gentiloni, por mor de la crisis de la pandemia. Está por ver el papel que juega Donohoe, si se convierte en un presidente vocal como Dijsselbloem o tranquilo como Centeno.

El dumping fiscal en el centro del debate
En parte de la burbuja europea de Bruselas ha sentado como un tiro que un irlandés apoyado por holandeses o luxemburgueses llegue al máximo puesto del Eurogrupo. Tres países denunciados por la propia Comisión Europea por sus prácticas anticompetitivas a nivel impositivo, otorgando acuerdos fiscales particulares a grandes multinacionales para atraer sus centros de decisión al mismo tiempo que les permiten canalizar sus ingresos de todo el continente en sus jurisdicciones. Irlanda dejó de recaudar 13.000 millones de euros de Apple, Luxemburgo en torno a 250 millones y otros 20-30 millones de la filial financiera de Fiat, la misma cantidad que Holanda de Starbucks. Millones que no se tributaron en las haciendas nacionales del resto de socios.
“Se impone un candidato que representa la mínima voluntad de integración, mancomunación y armonización fiscales”, reaccionó rápidamente la economista Lídia Brun, antigua asesora de Los Verdes en el Parlamento Europeo, opinión que comparte Miguel Otero, del Real Instituto Elcano. “Se ha tratado de una agrupación de pequeños paraísos fiscales contra un país y una candidata que apoya una integración fiscal más profunda y justa”, señaló Otero en las redes sociales tras la derrota de Calviño.
El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, propone introducir para 2023 la tasa digital en toda la UE según los criterios de la Comisión, que las grandes empresas de la economía online tributen en cada hacienda el 3% de sus ingresos en esa jurisdicción. Ante el Parlamento Europeo, Merkel ha reconocido que Alemania dejará de bloquear ese impuesto si no existe un compromiso global en la OCDE.
La creación de este tributo a nivel europeo para dentro de tres años supone que el Eurogrupo deberá realizar previamente todos los trabajos y análisis técnicos y legales para su puesta en marcha. Justo un trienio en el que un irlandés apoyado por países que no desean esa tasa cortará la baraja de los debates del euro.♦