Precisamos una hoja de ruta. Nos esperan meses de travesía del desierto y todo se fía al maná de Bruselas, mientras los sindicatos piden una reindustrialización a golpe de BOE.

JP Marín Arrese

Ahora que lo peor de la pandemia parece remitir, al menos en Europa, toda la atención se centra en recuperar cuanto antes los niveles de actividad previos a la crisis. No será fácil, ni tampoco cabe anticipar una vuelta a la normalidad simultánea y uniforme en todos los sectores. Los hay que experimentan un severo bache del que no se repondrán en mucho tiempo. Pensemos en todas las actividades relacionadas con el turismo y el transporte aéreo. Por mucho que se levanten las restricciones, los usuarios muestran reticencias a reanudar sus hábitos del pasado, como si nada hubiera ocurrido. Otro tanto ocurre con las industrias básicas, confrontadas a un desplome de la demanda y sin capacidad para ajustar la oferta a corto plazo. No hay que engañarse. Los hábitos de consumo se han modificado y, posiblemente, adquieran un nuevo perfil en el futuro. Como consecuencia, existen numerosos sectores cuya viabilidad está en peligro.

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