Tras dos siglos de presencia colonial y una vergonzosa retirada, España ha acabado por desentenderse del futuro de Guinea, que aún hoy sufre la dictadura de Obiang: 40 años en el poder.

Donato Ndongo

En el prólogo de «Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial«, que acaba de ser reeditado, se explican las razones de que la segunda edición finalice en 1982: clausura de la etapa de consolidación del poder personal del entonces coronel Teodoro Obiang Nguema –hoy capitán general de los Ejércitos– e inicio de su propia autocracia, una vez libre de la tutela de su tío y preceptor, el dictador Francisco Macías Nguema; se modifica la identidad de la nación, al afianzarse la integración del único país de estirpe hispánica en África subsahariana en el área francófila; en España, victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones legislativas de aquel octubre. Hechos que, en lo político, económico, lingüístico y cultural, supusieron cambios decisivos para Guinea Ecuatorial, alterando sus alianzas internacionales; determinarán el futuro del país, conformando realidades actuales, trastocando la geopolítica de la zona y redefiniendo la actitud de las grandes potencias –Estados Unidos, Unión Soviética, China y Francia– vigentes desde los inicios de era poscolonial.

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