Texto: Juan pedro Marín Arrese
Economista

«Frente al impacto social de la crisis, el mejor antídoto es el empleo, que dependerá de la capacidad de las empresas para capearla. Y ahí los pasos han sido bien modestos».

JP Marín Arrese

La reconstrucción adquiere en boca del gobierno poderes taumatúrgicos para superar la crisis. Se concibe como poción mágica que nos sacará de apuros, por más que su contenido concreto se encuentre todavía rodeado de una espesa nebulosa. Se alude al mismo como mantra, sin más referencias de momento que la intención de desarrollar actividades de futuro ligadas a la economía sostenible. En un contexto donde lo que importa es salvar los muebles, evitando la destrucción del actual tejido productivo, apostar por la ecología como solución a la crisis se antoja un tanto paradójico. Para colmo, su instrumentación se confía a la vía muerta de una comisión parlamentaria más atenta a los reproches mutuos y la rendición de cuentas de la pandemia que a explorar salidas verosímiles del bache. De un marco así, sólo cabe esperar la formulación de lugares comunes con referencias retóricas a pymes y autónomos. Al tiempo, se enrarece el clima del diálogo social con anuncios como el desmantelamiento íntegro de la reforma laboral, hasta el punto de forzar su inmediato desmentido. Son momentos en que importa más que nunca insuflar confianza. Cabe dudar que tanto ruido para tan escasas nueces contribuya a este propósito.

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